relato

La muerte de Gato

Llevaba un libro de poesía bajo el brazo, eran las 5 de la mañana y ya iba tarde para trabajar, salió corriendo cuando vio que el bus empezaba a avanzar tratando de esquivar los charcos de agua sucia y lodo y como pudo logro subir, el ayudante le cobro y empezó a avanzar por el medio del bus, desesperado y tratando de no quedarse dormido o de perder el libro y agarrado con una mano al barandal del bus para no caer sobre las personas que iban sentadas.

A medida que avanzaba sobre la calzada San Juan, el bus se iba vaciando y al llegar a la altura del trébol, en la estación de el hospital Luis pudo encontrar un lugar, tomo asiento junto a la ventana, abrió su libro y empezó a leer a si mismo, el bus estuvo detenido ahí por unos cinco minutos, el trafico no parecía ceder en los carriles de al lado y Luis miraba su reloj a cada 30 segundos esperanzado que el bus continuara su marcha.

El bus se puso en marcha y Luis retomo su lectura, avanzaba fluido y solo escuchaba el ruido de la calle y al ayudante gritar las rutas cuando de pronto un ruido seco y fuerte hizo que perdiera la concentración en su lectura.

—Bueno pues cerotes, ya saben como funciona esto— dijo un tipo vestido de negro blandiendo un arma en la mano.

Luis asustado sin saber que hacer vio en todas las direcciones tratando de encontrar una respuesta o como tratando de encontrar algo que hacer, se sentía amenazado y sin más, estaban asaltando la unidad de transporte en la que el iba a trabajar, sin saber que hacer, empezó a sacar sus pertenencias, su reloj, que su novia Lola, le había regalado la navidad pasada y el teléfono que acababa de comprar, saco su billetera y saco los Q15 que tenia para comprar su almuerzo y volvió a guardar su billetera, pensando en todos los tramites que iba a tener que hacer si también se llevaban sus documentos.

Los asaltantes tomaron su botín y se marcharon unas pocas calles antes del lugar en el que Luis debía bajar, al llegar a su destino, Luis ya iba desanimado, sin un centavo en el bolsillo y sin ganas de existir, camino hasta su trabajo, entró sin saludar a nadie, encendió su computadora y empezó a hacer su trabajo como todos los días hasta ese día.

Conforme el día iba pasando, el estado de ánimo de Luis no iba mejorando, sabia que necesitaba salir de esa pocilga lo más pronto posible, quiso avisarle a su jefe de que no se sentía nada bien y de que quería el resto del día pero el Jefe de Luis estaba siempre en reuniones o salía “a hacer mandados” con la secretaria de Gerencia por lo que Luis salió de la oficina sin avisar a nadie.

Luis anduvo por ahí, vagando y viendo a la gente pasar, vio un perro muerto a la orilla de la avenida Bolívar, cerca de la estación de policía, que ya empezaba a descomponerse, cruzo la pasarela buscando los bares de mala muerte esperando encontrar a alguien conocido que le pudiera prestar unos quetzales o que lo invitara a tomar algo.

Camino hasta que estuvo cerca de un bar llamado Noa Noa, cuando se encontró con Felipe, su cuñado, hermano de Lola, se saludaron efusivamente como que no se habían visto en años aunque solo habían pasado un par de días desde la última  vez que se habían visto y se pusieron a hablar, Luis le contó lo que había sucedido esa mañana y Felipe lo invito a pasar a el bar y beberse unas copas.

El Noa Noa era de esos bares que encuentras abierto desde muy temprano, lleno de espejos por adentro, un tubo para bailar el pole dance y varias prostitutas, a pesar de ser temprano tipo diez u once de la mañana, el lugar se encontraba concurrido, habían unas cuantas mesas vacías, una luz roja cubría el lugar y reggaetón sonaba como música de fondo siendo a veces interrumpida por el animador que llamaba a las chicas a la pista.

Buscaron un lugar apartado de la pista, en una de las mesas del fondo y llamaron al mesero

—Dos litros de cerveza, por favor— dijo Felipe.

—En seguida caballero— dijo el mesero y pregunto — ¿gustarían que les envié a unas señoritas?

Ambos respondieron que aún no y el mesero se marchó al cabo de tres o cuatro minutos el mesero regreso con los litros de cerveza fría y sirvió un vaso casi a rebalsar a cada uno y siguieron su platica, Luis le contaba a Felipe el aspecto del sujeto que lo había asaltado hacia un par de horas y Felipe tratando de recordar si conocía a alguien con esa descripción, mientras los vasos de cerveza se servían y se vaciaban como si no hubiera mañana.

Minutos después llegó una de las señoritas y se sentó en el regazo de Luis y otra en el de Felipe, no hicieron nada para apartarlas, una de ellas tomo las mano de Felipe y empezó a jugar con sus dedos y su boca, Felipe tratando de seguir en la conversación con Luis no lograba concentrarse del todo, Luis tampoco lograba concentrarse teniendo a la prostituta sobre sus piernas moviéndose al ritmo del reggaetón, como pudo, Luis terminó de darle la descripción a Felipe cuando Galaxia, la prostituta que se encontraba bailando en las piernas de Luis los interrumpió

—Ese que vos decís papi, es uno que se mantiene por el trébol, yo lo conozco— dijo Galaxia

—Si, yo también lo conozco, le dicen el gato— dijo Soraya la chica que se encontraba con Felipe

—Si nos invitas a un privado te digo en donde lo podes encontrar— dijo Galaxia.

Luis se quedo pensando pero unos segundos después recordó que había sido invitado por Felipe a beberse unas copas y que Felipe era su cuñado, volteó a ver a Felipe que ahora se encontraba tocando los pechos de Soraya y este movió la cabeza como diciendo si.

—Si, vamos al privado los cuatro— dijo Luis y llamo al mesero.

—Manda joven— dijo.

—Vamos a requerir un servicio por favor y unos cuantos litros de cerveza— dijo Luis.

—En seguida joven— dijo el mesero y los hizo pasar a un cuarto con dos camas en la parte trasera del negocio.

El cuarto era un lugar limpio, con dos camas cada una pegada a la pared, una mesa en el centro con una cubeta que contenía tres litros de cerveza y cuatro vasos limpios y un cenicero y dos condones.

—Tienen 45 minutos— dijo el mesero, cerró la puerta y se marchó.

Luis y Felipe empezaron a desnudar a las putas y luego se desnudaron ellos, empezaron a besarse hasta que fue suficiente, se pusieron los condones y cada quien se metió a una cama con su chica, cuando terminaron, se vistieron y se pusieron a beber nuevamente de los litros que estaban en la mesa, Galaxia salió de la habitación y después de unos minutos regreso y le dio un pedazo de papel rasgado a Luis.

—Gracias por la dirección— dijo Luis.

—No hay de que, gracias a vos papi y regresa cuando querrás que te voy a estar esperando— dijo Galaxia.

Felipe llamo al mesero, le pago lo que habían consumido y el servicio y salieron en dirección a la casa de Felipe.

Felipe abrió la puerta y le dijo a Luis que lo esperará afuera, cuando regresó venía con una mochila negra en su espalda, le pidió el papel con la dirección del gato a Luis, cuando la vio dijo:

—Ya se donde es, no queda muy lejos de aquí si vamos a pie.

—Bueno, vamos ¿pero que vamos a hacer? — dijo Luis.

—Ya vas a ver cerote, vos confía en mí, igual te acabas de coger a una puta y no querrás que le diga a la Lola ¿verdad? — dijo.

Empezaron a caminar y luego de veinte minutos encontraron la casa, Felipe abrió su mochila y saco un revólver .38 y lo escondió atrás de su espalda sosteniéndolo en la mano, tocaron a la puerta y preguntó por el gato, dos minutos después se escucharon tres detonaciones y el cuerpo del gato caía sin vida sobre la acera afuera de su casa.

Último demonio.

Estoy en casa, vivo lleno de ansiedad y sufro cambios en mi estado de ánimo, no puedo estar tranquilo, abro las ventanas, cierro las ventanas, camino por el corredor que me lleva a mi habitación y regreso a la sala de estar, saco un cigarro, saco el encendedor, guardo el encendedor, guardo el cigarro, reviso la billetera, reviso el estado de cuenta, saco nuevamente el cigarro y el encendedor ahora si lo enciendo, fumo, saco el humo por la boca, por la nariz y vuelvo a fumar, sé que debo hacer algo pero lo pospongo, siempre posponiendo las cosas como un chiquillo que no quiere hacer la tarea, con el cigarro en la boca busco un cenicero ya cuando las cenizas empiezan a tocar el piso, no encuentro ninguno, deben haberlos robado hace un par de noches que hice una “fiesta”, encuentro una lata de cerveza vacía, perfecto ya encontré cenicero, me tumbo en el sofá, enciendo el televisor, ruido de fondo, saco el móvil, fumo con la mano izquierda y reviso el móvil con la derecha, contactos, favoritos ¿Llamar o enviar un whatsapp? ¿Llamar o no llamar? El humo sube por la sala, bailando, sublime, llamo y me enfrento al último de mis demonios.

Intenté escribir algo diferente esta vez, espero que les guste.

Pedro Rentas

25 de octubre

Pedro Rentas termina un día laboral más sumergido en el tedio y el hastío, harto de realizar la misma faena día con día. Tiene todo resuelto, debe matar al hijoputa que lo metió en todo esto, desde el trabajo de mierda hasta que su mujer lo haya dejado el verano pasado, estaba decidido.

26 de octubre

Pedro sale de su habitación, da un pequeño paseo por el pueblo en el que vive, trata de entender el comportamiento de las personas, ver de donde vienen, a donde van y se pregunta ¿por qué hacen las cosas que hacen? ¿qué los motiva? ¿por qué meterse en la vida de los demás? Pedro aún no lo entiende bien, quisiera ser mas estudiado y poder comprender un poco mejor las cosas, regresa al final del día a su habitación, enciende un cigarro, lo fuma, se mete a su cama y se duerme.

27 de octubre

De regreso en la oficina, no hay nada nuevo mas que la chica nueva que va a ayudar en contabilidad, muy guapa, estará en sus veintitantos, Pedro intenta tener contacto visual con ella en la reunión de la mañana, no lo logra y regresa a sus tareas, tal vez si alguien lo hiciera cambiar de opinión no terminaría con la vida del bastardo que le quito todo, la casa, la mujer, el perro, hasta el cepillo de dientes, tal vez pudiese aprender a perdonar.

28 de octubre

En la reunión de la mañana su jefe le indica que va a tener que enseñarle a la chica nueva parte de su trabajo, Pedro piensa que esta es su oportunidad para conocerla, tal vez ella es la mujer de sus sueños, tal vez ella no lo abandone como lo hizo la otra, se dará una oportunidad.

29 de octubre

Es el segundo día de trabajar con Amanda (la chica nueva), ya conoce su color favorito, el tipo de música que le gusta, ahora también sabe que ella aun vive con sus padres y que estudia administración de empresas en la universidad publica, se ha dado cuenta que sus ojos son avellanados, que tiene unas pequeñas pecas casi invisibles en el rostro, Pedro Rentas tal vez está cambiando de decisión, está empezando a ver la vida con color de nuevo.

30 de octubre

Pedro ha invitado a Amanda a tomar un café después de la oficina, ella acepta.

31 de octubre

Pedro Rentas es encontrado muerto en su habitación, se encontró un arma calibre .40 en su mano derecha, pastillas para dormir en su mesa de noche, se encontró también una carta en la cual Pedro indicaba lo que había hecho, su carta de suicidio en la que explicaba que había tenido que matar al hombre que le arrebato todo, ese hombre era él mismo.

Sobre ella.

De un día para otro todo cambio, su sonrisa ya no era la misma, sus ojos lucían diferentes, su cabello era distinto, su aroma y todo en ella, yo parecía un satélite orbitando a su alrededor y ella ejerciendo gravedad sobre mi, me sentía atraído, su risa sonaba diferente y el sonido de su voz me gustaba mas que mi canción favorita, su piel era tan suave que con solo tocarla deseabas siempre más y más, ella era el tipo de chica que te preguntas al conocerla ¿dónde has estado toda mi vida? Era evidente, estaba enamorado.

Laberinto

En el carro a 100 Kph vas acelerando, llevas encendido un cigarrillo que se consume mas rápido por el aire que pega en tu cara, no te lo quitas de la boca ni para tirar la ceniza, vas en algo, alguna droga, nada te importa, el mundo te importa una mierda, sigues acelerando y es la autopista o la Interamericana  o alguna carretera construida a medias con todos los impuestos que pagaste en tu vida, nada te importa, te quitas la colilla ya apagada y como puedes alumbras otro cigarro, la velocidad sigue aumentando y sigue aumentando hasta que pasa.

Abres los ojos, ves todo de cabeza, intentas salir del carro, no puedes moverte con facilidad, el efecto de las drogas parece estar llegando a su fin, una leve resaca, ves botellas de cerveza vacías regadas, es el intento de suicidio mas estúpido que se te ha ocurrido, logras salir del carro, la vida te parece injusta, al final solo deseabas morir y la vida te da una nueva oportunidad, todo salio mal. Buscabas salir del laberinto.

Futurista

Todo lo hicimos mierda, la ciudad en cenizas, esta ciudad de mierda se fue al carajo, destruimos todo, solo las llamas devorando todo y las estrellas en el firmamento brillan ahora, ya no quedan mas luces en esta ciudad.

No somos más que recuerdos, recuerdos en diferentes estados, recuerdos alegres, tristes, todos grabados en nuestro subconsciente, recuerdos lucidos y poco lucidos de esta ciudad que ya no existe.

Los edificios, las casas, los parques ahora son solo escombros, recuerdo tu edificio, tu apartamento, las largas horas que pasábamos encerrados escuchando a los Cadillacs y bebiendo vino de caja, el único que podíamos costearnos en ese entonces, recuerdo el cenicero lleno de colillas y recuerdo el humo subir lentamente mientras la voz rasposa de Vicentico haciendo eco. Recuerdo las calles llenas de borrachos y niños asaltantes , el punto donde vendían la coca más pura mierda que te destrozaba la nariz y te dejaba sangrando por un rato, la cantina en la que te vendían la cusha o fresco de frutas y que con Q15  salias cayéndote y ciego de borracho, en la que ponían la peor música, bachata quizá o reguetón y allí estábamos imbéciles coreando.

Las largas caminatas en la zona uno, los buses vomitando gente, el tráfico interminable, las discotecas de mierda en la zona diez o los bares en la zona uno, la cerveza barata y los cigarros rojos, mandamos todo a la mierda, lo destruimos, ya no queda nada de aquellos días, destruimos esta ciudad, amada por muchos, odiada por otros.

 

Guatemala city

La sangre sale de mi cuerpo, hirviendo, el sonido de la bala aun en mis oídos, caigo al suelo con un golpe seco, me llevo las manos al lugar en donde veo la hemorragia, me quedo tendido en la cinta asfáltica, soy uno más, un número mas en las estadísticas, atacado con arma de fuego por robar un celular, un carro, una billetera, cualquier cosa, soy solo eso, una estadística. Los reporteros del diario amarillista hacen presencia, los llamaron antes que llamar a la ambulancia de la cual puedo escuchar la sirena a lo lejos, veo gente corriendo, huyen a refugiarse, indiferentes, pocas personas se acercan a ayudarme, cierro los ojos.

Vivo en una ciudad muerta, irónico, esa ciudad en la que no pasa nada bueno, nunca vendrán bandas geniales ni personalidades famosas, la ciudad de mierda que no nos ofrece nada nuevo, la diversión es ir a caminar a un centro comercial, a caminar pura oveja uno detrás del otro, el cine que nunca ofrece nada bueno, la misma mierda, un país muerto, una ciudad muerta, tanta gente muerta.

La misma mierda, una ciudad llena de políticos, llena de orines, iglesias evangélicas cada dos o tres casas, borrachos tirados en cada esquina, niños trabajando y padres holgazaneando, el semáforo en rojo, asaltantes en motocicletas, trafico a cualquier hora del día. Expuestos a altas dosis de violencia y consumismo.