Último demonio.

Estoy en casa, vivo lleno de ansiedad y sufro cambios en mi estado de ánimo, no puedo estar tranquilo, abro las ventanas, cierro las ventanas, camino por el corredor que me lleva a mi habitación y regreso a la sala de estar, saco un cigarro, saco el encendedor, guardo el encendedor, guardo el cigarro, reviso la billetera, reviso el estado de cuenta, saco nuevamente el cigarro y el encendedor ahora si lo enciendo, fumo, saco el humo por la boca, por la nariz y vuelvo a fumar, sé que debo hacer algo pero lo pospongo, siempre posponiendo las cosas como un chiquillo que no quiere hacer la tarea, con el cigarro en la boca busco un cenicero ya cuando las cenizas empiezan a tocar el piso, no encuentro ninguno, deben haberlos robado hace un par de noches que hice una “fiesta”, encuentro una lata de cerveza vacía, perfecto ya encontré cenicero, me tumbo en el sofá, enciendo el televisor, ruido de fondo, saco el móvil, fumo con la mano izquierda y reviso el móvil con la derecha, contactos, favoritos ¿Llamar o enviar un whatsapp? ¿Llamar o no llamar? El humo sube por la sala, bailando, sublime, llamo y me enfrento al último de mis demonios.

Intenté escribir algo diferente esta vez, espero que les guste.

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