— Vas por allí dándote de golpes con todos los que te encuentras— dijo Justine.

— Eso no es completamente cierto, hay tíos que me agradan y no riñó con ellos por nada— dijo Antonio.

— ¿Recuerdas esa vez que casi matas a un tío porque no quiso regalarte un cigarro?

— Claro que lo recuerdo, fue una buena época.

Salieron del apartamento que compartían y caminaron colina abajo hasta la entrada del bar, ella fue directo al baño, él se sentó en la barra y pidió una cerveza en lo que la esperaba, ella regreso a los pocos minutos, se sentó junto a el y pidió una coca-cola.

— Lo lamento si alguna vez te hice pasar un mal rato con la bebida.

— Con los años me he ido acostumbrando, las interminables noches llenas de cerveza, mujeres y drogas, tus quejas al día siguiente por la resaca, los vómitos y los bares de mala muerte, me he acostumbrado.

Se quedaron en silencio unos minutos cada quien con su bebida.

— Sabes— dijo él — voy a dejarlo o al menos voy a intentar dejarlo.

— Otras veces también he escuchado eso, infinitas veces y seguimos haciendo lo mismo, te sigues embriagando cada noche, vomitando por las mañanas, no creo que puedas dejarlo.

— Esta vez lo intentare en serio empezando ahora.

Pago la cuenta y salieron del bar, caminaron hasta la playa, ahora que estaba fuera del bar Antonio no sabía que hacer con su tiempo, había dejado de escribir porque las ideas no llegaban y vivían de las regalías de su primer libro publicado; ahora en la playa, se quitaron los zapatos y caminaron por toda la orilla, sin decirse una palabra hasta que llegaron al muelle:

— Me enamoré de ti, por quien eras y por quien yo era cuando estaba contigo, pero ahora ese hombre se ha ido y me ha dejado un alcohólico y nada más— dijo Justine.

— Siempre quise ser la mejor versión de mi mismo pero el tiempo es una puta que te coge y te va quitando todo lo bueno, te deja en ruinas y me sorprende que hayas llegado hasta este punto conmigo, con todos mis problemas, creo que quizá no debería dejar la bebida por ti pero por mi, necesito evolucionar y tal vez lo mejor fuese que lo dejemos aquí.

— Puedes hacer lo que gustes, al final tienes razón, debes hacer lo que consideres necesario y un tiempo alejado de todo te ayudará.

— Cuando vuelvas a casa  no me esperes, no regresaré.

Antonio comenzó a caminar en la dirección contraría hasta que se perdió entre la multitud, Justine nunca más supo de él, lo espero por mucho tiempo.

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