I

Había muy poca luz en aquel sitio, unos cuantos reflectores con luces de colores en el techo, mesas acomodadas en media luna, espejos en las paredes y al centro una pista de baile con dos tubos de acero. La voz del presentador indicaba que faltaban únicamente 5 minutos para el siguiente acto, tenia una voz de ultratumba pero en medio del licor y las chicas que pasaban con aquellos diminutos trajes que dejaban casi nada a la imaginación, no importaba casi nada.

Estaba parado en la puerta de aquel local y ya estaba hipnotizado, una rubia por un lado, una pelirroja por el otro, sonriendo, cruzando miradas, le pedí al mesero un lugar en la barra y me dijo que el mejor lugar era la pista que iba a estar lo más cerca de la acción y que la final se lo podía agradecer con una propina. Me llevo a la pista y me dio la carta, licor, licor, licor, coca-cola. Pedí una cerveza. El presentador anunció: Con ustedes Chantal a la pista.

Breves minutos después estaba una morena de aproximadamente 1.80 m, todo en donde debía estar, con un atuendo de colegiala, salio dando pequeños saltitos como haciendo una danza, moviéndose de un lado al otro, provocando a los espectadores, empezó su baile con una canción de moda de fondo y mientras la canción. Así sucesivamente fueron saliendo cada una de las chicas de aquel negocio, Roxanna, Mariela, Celeste, etc…

Estuve al rededor de dos horas tomando cerveza, “hablando” con las chicas, decidí que ya tenía suficiente de aquel lugar, eran las 2:16 de la mañana y por aquella época no tenía vehículo y no llevaba mucha pasta encima para pedir un taxi así que no tuve mas remedio que caminar a casa. Iba vagando por las desoladas calles, uno que otro carro, vagos recuerdos de como llegue a casa, entre y me tumbe en la cama.

Desperté por la mañana con una resaca, llame por  a mi chica por teléfono pero no tuve respuesta alguna, como era mediodía debí suponer que estaba trabajando, había estado desempleado por al menos seis meses y para pagar la renta iba buscando trabajos temporales, dependiente de una farmacia, de una tienda de ropa de segunda mano, un call center, en fin, los trabajos mas mierdas era los que me podía conseguir. Tenía estudios universitarios pero por alguna razón me rehusaba a completarlos. Me levante de la cama, busque en mis bolsillos un poco de dinero, nada, busque las reservas bajo el colchón y salí a comprar mas cerveza.

Al cabo de media hora estaba de vuelta en el apartamento y empecé a beber, forje un cigarrillo, el humo salia de mi boca a borbotones, me senté en el sofá con mi cerveza, mis cigarros y esperé allí, divagando, hasta terminar la última cerveza. Tomé una siesta y cuando desperté eran al rededor de las seis de la tarde, salí a dar un paseo, empecé por caminar desde el parque central en dirección al sur, caminaba despacio, quería ver a las personas, imaginaba historias sobre a donde irían, posiblemente a casa, camine y camine, anduve vagando por allí sin destino alguno.

Después de un rato fui a la casa de Lucía para ver si ya estaba un poco más tranquila, esperé afuera de su casa hasta que llego en un carro negro, el carro de su jefe, el muy hijoputa. Salí corriendo a unos arbustos y trate de tomar un buen lugar para ver que sucedía mientras tanto que una ira crecía dentro de mi como fuego que empieza lentamente pero va creciendo y arrasando todo a su paso, contaminándolo, dejando cenizas, quitando vidas, cegando. Salí de donde me escondía, abrí la puerta del hijoputa, lo vi intentando subirse el pantalón, lo tomé de la camisa y lo arrastre fuera del auto. Comencé a darle de golpes y Lucía se bajo corriendo a intentar detenerme, de un momento a otro todo se nublo, sentí como la sangre corría lentamente por mi cara y vi a Lucía señalándome.

Desperté en la comisaría.

II

 

Estaba en la comisaría cuando desperté, habían otros prisioneros por delitos menores: desorden publico, manejar bajo efectos del alcohol, entre otros… estuve allí un día o dos quizá cuando Gómez, el comisario, llegó a decirme que me podía ir, que mi fianza ya había sido pagada. Salí y al salir no vi ninguna cara conocida, se acercó a mi una mujer de aproximadamente 35 años de edad en un vestido rojo, zapatos de tacón, el labial combinaba con todo su atuendo, lentes de sol, una cabellera castaña y un cigarro en la boca.

— ¿Es usted Santiago? — pregunto.
— Si, soy yo ¿Quién es usted?
— oh, usted no me conoce pero Lucía me dijo que quizá podría contactarlo acá ¿Podríamos dar un paseo?
— ¿Lucía?¿Qué tiene que ver Lucía en todo esto?¿Quién es usted?
— Ahora se lo explico.

Salimos y le dije que no tenía vehículo, me dijo que no me preocupara, que le siguiera. Caminamos hasta un carro deportivo del año color negro. Yo no iba con el mejor vestuario para montar ese coche, tenía la misma ropa con la que me habían llevado a la comisaría, un jeans roto, una franela a cuadros y mis tennis vans, todo un poco sucio por las noches que pase en la comisaria esperando que pagaran mi fianza o que me dejaran en libertad o que me matara uno de los pandilleros. Subí del lado del co-piloto, ella encendió otro cigarro y me ofreció uno. Había dejado de fumar unas semanas atrás pero en ese momento tuve necesidad y acepte el cigarro. Mientras conducía me dijo que su nombre era Samantha y que era abogada, que ella había sido quien había pagado mi fianza y que en este momento estaba tratando de iniciar un nuevo negocio y que creía que tenia el potencial para ser parte del mismo. No pregunte nada. Me llevo a mi apartamento, me dio un par de billetes para que pidiera comida y me dijo que regresaría por mi y que podría explicarme más acerca del negocio que estaba iniciando.

Subí y tomé una ducha caliente, luego de la ducha abrí el refrigerador, moría de hambre y todo se había arruinado, fui al almacén dos bloques abajo, compré seis cervezas, una cajetilla de Marlboro red, pan tostado, seis huevos y jamón y regrese al apartamento, prepare un par de sándwiches y me senté a ver la televisión y beber.

Entrada la noche recibí una llamada, era Samantha.

— ¿Santiago?
— Si, soy yo.
— Estoy camino de su casa, llego en diez minutos.
— En seguida bajo.

Bajé las gradas lo más rápido posible y esperé en la puerta del edificio con un cigarro en la mano. Samantha llego en el tiempo prometido, bajo la ventanilla y con un pequeño movimiento de mano me dijo que subiera al carro. Tiré el cigarro a medio acabar en la acera y subí rápidamente. íbamos en dirección a la zona comercial de la ciudad, centros comerciales, bares, restaurantes, nos estacionamos en el centro comercial más exclusivo de la ciudad. Lo primero que me llevo a comprar fueron zapatos, me dijo que en este negocio lo importante era estar presentable, fuimos por sacos, un reloj, billetera, en fin era un hombre nuevo, con apariencia nueva.

Para cuando terminamos, moría del hambre, así que fuimos a un restaurante y me indico que el trabajo era para ser acompañante de alta sociedad, podría acompañar a las damas de la alta sociedad que requirieran mis servicios a cualquier evento y recibir remuneración y proporcionarle a nuestras clientas servicios especiales. Acepte el trabajo sin pensarlo, en aquel momento no tenia nada mejor que hacer, un poco de dinero no venia mal, no tendría un horario de oficina aunque si requería estar disponible las 24 horas del día. Lo siguiente y de lo mas importante, un teléfono celular en el cual pudiera ser localizado siempre.

Pasados unos días me llamó Samantha al móvil, me indico que ya casi todo estaba listo, hacían falta únicamente dos detalles, el primero era una sesión de fotos para que las clientas pudieran ver el catalogo y la segunda en vista que algunas de nuestras clientas preferían la discreción iba a tener que mudarme a un nuevo apartamento.  Al cabo de una semana ya estaba instalado en mi nuevo apartamento, el quinto piso de un edificio en el cual haríamos la sesión de fotos.

Ya estaba todo listo, podíamos empezar.

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