Realidades abstractas

Las calles siempre me parecían vacías, aunque estuvieran repletas de gente. Personas yendo y personas viniendo. Solía sentarme en la puerta de mi casa a ver como todo pasaba, los carros, las motos. Sentir el viento contaminado de la ciudad en la que vivo. Tomaba a sorbos el café caliente, sin azúcar, y ocasionalmente encendía un cigarro.

Siempre estuve acompañado por mis libros, Bukowski, Hemingway, Burroughs, Cortázar, Borges, todos y cada uno de ellos fueron mis maestros, fueron mi compañía en las tardes de soledad aprendí de la soledad, del amor, del odio, de las mujeres, del alcohol.

Y pasa que de pronto, levanto la mirada y vas caminando con ese movimiento de caderas que vuelve loco a cualquiera que te vea y esa sonrisa acompañada del cielos en tonos naranja/rosa, el primer día de mi vida.

Me sentaba todas las tardes a la misma hora con una taza de café y cigarro en mano, esperando, siempre esperando, esperándote. Siempre volvías con esa sonrisa y con los ojos más juguetones que nunca vi. Un día tuve el valor de acercarme y preguntar tu nombre, Paula me dijiste con la voz de un ángel, creí estar soñando, todo parecía surreal. Realidades abstractas.

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