Un encuentro faltal

Habían pasado dos años desde la última vez que la vio y ahora se encontraba allí sentado en aquella mesa de restaurante chino con un litro de cerveza y dos vasos que bien no se podía decir que estuvieran precisamente limpios, la vio llegar, iba bien vestida como siempre, vestido y zapatos de tacón, él todavía se preguntaba cuál había sido la razón de que le citase en aquel extraño lugar y de mala muerte, todo encajaba en esa cafetería,  su aspecto personal, acabado, las camareras gordas y mal vestidas con los uniformes sucios, la madera de las mesas ya sin color y a medio limpiar, uno que otro borracho tratando de ligarse a la señorita de la caja y la comida en la cual no sabias si te servían un pedazo de pollo o de perro, todo encajaba allí menos ella.

Ella entro al restaurante, busco su mesa y se acercó.

Se sentaron en esa mesa de restaurante chino por horas, hablaron de la vida de cada uno, de lo mal que el lo había pasado tratando de ser escritor, de que después de ella había salido con un par de mujeres pero que no duraba nada más de una semana, de las deudas y los pagos de la hipoteca, ella le contó que había cambiado de trabajo y que ahora le iba mucho mejor, que su papá había muerto el verano pasado por un paro cardíaco, le contó que tenía una relación con alguien.

Terminaron la velada, se despidió de el con un suave beso en los labios, subió a su auto, bajo la ventanilla y le disparo a quemarropa.

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